Bien, vemos que el índigo tiene un nivel de energía tremendo, pero no siempre. El hiperactivo tiene una energía que le desborda. Se mueve compulsivamente hasta durmiendo. Tiene un nivel de energía espectacular. Iremos viendo más cosas. El índigo, si además es un niño o una niña “cristal”, es un niño o una niña tranquilo. Diferencia entre índigo y cristal: el cristal es puro amor, el cristal es pura paz; son muy pacíficos, muy tranquilos, muy quietos, muy amorosos, muy sabios, muy silenciosos… Yo les defino como los “maestros índigo”, y por supuesto, tienen las facultades índigo (es decir, las facultades de su hemisferio derecho y todas sus cualidades) altamente desarrolladas: ven otras realidades, hablan con seres de otros niveles de realidad o realidades paralelas; etcétera, como iremos viendo.

 

El hiperactivo no se concentra casi nunca en la clase o en una tarea que tú le des; el índigo sí que se sabe concentrar, siempre y cuando le hagas una exposición, o le des un aliciente creativo. Si es creatividad participativa, más. Y luego pues, tenemos aquí que yo sepa a una profesora que tiene niños índigo en su aula y aún más, muchas profesoras aquí en esta fila y psicólogas … Todas vosotras, ¿no?... Muy bien… Las valientes… Bien, pues de todo lo que yo estoy diciendo, por favor os pido (ya que tenemos la fortuna de poder contar con vuestro testimonio – y por cierto, no son funcionarias, no se limitan a recibir un sueldo a mitad de mes; son vocacionales, pues si no, no estarían aquí: estarían en el cine, o tomando café… Aman a los niños y aman su trabajo –)… os pido por favor que en este cuadro, que aunque es totalmente subjetivo porque está basado en mi experiencia (de la que aprendo constantemente sobre el tema índigo de los propios índigo, incluidos padres y educadores), en lo que no estéis de acuerdo, o en lo que queráis aportar, algún dato de enriquecimiento, os lo anotéis para cuando yo termine la conferencia y sea a nivel de preguntas. Y si estáis totalmente de acuerdo, pues también lo expresáis, porque todo lo que he puesto acá está basado en la retroalimentación para poder hablar con claridad, y para también, como les decía al principio, desmitificar este tema, el tema índigo, que se está desbordando. El oportunismo, en temas relacionados con la infancia, siempre es un peligro que nos acecha. Siempre. Cualquiera nos puede vender cualquier cosa, porque los niños son nuestro futuro, son nuestra preocupación. Por tanto, repito: no entreguemos nuestro poder. Sólo si sentimos que eso es así, nos unimos, si no, NO.

 

El hiperactivo demanda atención continuamente pero no presta atención. Digamos que le interesa tener compañía, saber que ahí hay alguien… El índigo necesita ser escuchado, demanda atención porque necesita ser escuchado, porque en algún nivel de su corazoncito, él sabe que es especial. Lo sabe, por lo tanto necesita ser escuchado. Es diferente, como hemos visto. El hiperactivo demanda atención pero no escucha: va a su ritmo, va a la suya… De vez en cuando se da cuenta de que estás ahí, pero como si viviera en otra realidad. También puede ser diagnosticado como “rasgos psicóticos”, pero no es un psicótico; “con rasgos autistas”, y no es un autista: reacciona muy bien. El hiperactivo que no es índigo reacciona muy bien al amor, a los cuidados, a la atención; a lo que no reacciona es a la queja, no habla; va de cabeza a otra actividad. En cambio el índigo se marchita, se marchita… Si tú le rechazas o se siente que no le escuchas, si prestas atención está en un rinconcito, o está mirando por una ventana: necesita ser escuchado, y por eso demanda atención. No es lo mismo que necesitar compañía.

 

Agresividad: El nivel de agresividad en el hiperactivo: es una mole de movimiento, parece que no tenga compasión; pero en realidad, como lo veremos, es que tiene problemas psicomotrices, y no controla bien el espacio; parece que no es compasivo, porque no es consciente de que hace daño a los demás. El índigo actúa con compasión, desde pequeñitos; no son combativos, ceden sus juguetes, son (y estoy hablando en términos muy generales, porque hay excepciones por supuesto) y actúan con mucha compasión para ser un niño, y para ser tan pequeñito…

 

La expresión verbal: El índigo, desde que empieza a hablar, tardan mucho en hablar, pero cuando hablan, hablan frases enteras, y otros son muy precoces hablando (Manuel tiene un hijo de tres años que tiene un nivel de léxico desbordante; él es uno de los directivos del Centro Ketzalkóatl, y da mucho placer hablar con él, porque parece que estés hablando con un niño con todo el encanto de niño, y con un sabio, como que tuviera unos secretos que necesita crecer para transmitirte). Esa es la magia de los índigos: siente; si tienes uno así, siente… El hiperactivo habla a trompicones, no se le entiende, habla frases cortas, y sólo le suele entender su mamá, su cuidadora o su papá, o una hermana o un hermano: alguien que ejerce de traductor, y además confunde los tiempos y los modos: puede hablar en indicativo o en subjuntivo: “cuando he venido comeré”… O sea… Como que tiene una falta de coherencia y de conexión con las realidades temporales, espaciales, como iremos viendo… En cambio el índigo expresa muy bien sus emociones, sus sentimientos, sus enfados, sus porqués… Parece un monstruo, porque te hace unos razonamientos con una total sinceridad del corazón. Esa es la diferencia.

 

La autoestima: El índigo tiene un alto nivel de autoestima; son como aristócratas, como principitos, como princesas… Por supuesto que son vulnerables, como todo niño. Sin embargo, el hiperactivo es consciente de que algo pasa, algo ocurre: “nadie quiere jugar conmigo, no me invitan a los cumpleaños”… A mi hijo le ocurría esto, y entonces yo le hice ser atractivo a través de comprarle juegos participativos: llevaba varias peonzas, trompos; llevada constantemente cuerdas nuevas para jugar a la comba; llevaba cartas de esas de las Pokemon para poderlas sortear, regalar. Yo “mataba varios pájaros de un tiro”: es decir, que le hacía atractivo a los ojos de los demás, porque regalaba cosas y porque llevaba juguetes participativos. Pero esto era un truco de madre (y como dicen en mi pueblo: “sabe más el diablo por ser viejo que por diablo”). Yo tuve ese problema de rechazo, y mi hijo, con sus rasgos de hiperactivo, estaba teniéndolos también. Yo los viví en silencio, porque a mí mi madre nunca me escuchó, Mi hijo me ha elegido; tiene como un 30% de potencial índigo, y bastante más de hiperactividad en su infancia; ahora tiene doce años. Ese era un truco que yo me saqué de la manga, siendo creativa, y no se si está bien o mal, pero lo único que les digo es que dio resultado: al niño empezaron a participarle, a contar con él, porque llevaba cosas participativas. Yo siento que todo vale desde el corazón para evitar el rechazo, porque el rechazo te mata, te daña y mucho. A mí me normalizaron con muchas normas, entré en el silencio y fui tartamuda hasta los treinta años. ¿Para qué tenemos qué fomentar algo relacionado con su capacidad de expresar? Si un índigo o un hiperactivo se cierra, si cierra este chakra, ( el chakra de la garganta) que por cierto es el chakra del poder, va a tardar mucho en florecer. Tendremos un adolescente silencioso, que es de lo peor, porque no sabes lo que piensa, no sabes lo que siente y no sabes qué va a hacer mañana porque no habla. Y todo esto se gesta en la infancia. Por lo tanto, el nivel de autoestima de un índigo es elevadísimo, pero si en el colegio se le rechaza, si se le está agrediendo constantemente a su autoestima…

 

Normalmente el índigo sabe más que sus profesoras, sobre todo sabe a través de una mirada sus estados de ánimo, y te dice unas cosas que te dejan helada, porque ¿cómo puede escanearte de esa manera? Te escanea, te hace un escaneo – y veo que todas aquí están diciendo que sí –. Te escanean con una mirada y no todos los profesores o profesoras tienen el nivel de humildad de saber que su profesión no implica saberlo todo y que no es necesario darle constantemente la imagen al niño de que es su fuente, su modelo. No. Hay muchas profesoras que reaccionan con el niño índigo sobre todo, se bajan a su altura física y le reconocen: “Discúlpame, sí, así es: es que hoy estoy un poco triste”. Mientras que la norma de cuando nosotros éramos pequeños ¿qué era? “Los herederos de Dios son dos: el médico y el profesor”, y no podíamos contradecirles, y en algunas ocasiones no podíamos ni mirarles a los ojos, porque no, no…

 

El hiperactivo es consciente de que “nadie me quiere, nadie quiere jugar conmigo” No tiene patrones socializantes: o sea que todavía no sabe jugar. Si hay que jugar a correr pues corre, y si avienta a tres o cuatro niños al suelo, pues lo niños se hacen daño, las mamás se quejan con la profesora, la profesora ya no sabe qué hacer, “¡sácalo de este colegio!”. ¿Y cuántos niños hiperactivos tenemos en casa sin encontrar colegio y el rechazo colegio tras colegio, la frustración, la tristeza y el daño que se le está haciendo a ese niño por su hiperactividad… Que a veces la hiperactividad está escondiendo un potencial índigo… A veces, la mayoría de las veces, y cada vez más. Y como decía anteriormente, la medicina oficial sólo ha diagnosticado, porque es experta en diagnosticar, y tenemos este diagnóstico: “los neurotransmisores no se comportan de una manera adecuada para socializarse en edad temprana, y se puede llegar hasta la adolescencia y hay rasgos de hiperactividad en el adulto a o largo de toda su vida”. Eso es lo que dicen y punto. Nada más. Por lo tanto, ¿qué alternativas dan? Una: Ritalín o sus derivados o sus afines.

 

Fíjense en lo que les voy a decir. Yo por supuesto estoy en contra de medicar, de drogar, pero en casos severos de hiperactividad que no son índigos, la medicación les tranquiliza, y por lo tanto si les tranquiliza a nivel motriz, su capacidad para fijarse y para emitir sus propios juicios a través de la observación se ira abriendo… Porque el hiperactivo no tiene modo de enlazar conclusiones, mas que de una manera: dándoles frases cortas, concretas y repetitivas, una y otra vez, con grandes dosis de amor, compañía y atención. Eso el hiperactivo puro y duro. Si cuando con esas grandes dosis de órdenes concretas, con frases cortas, amor y comprensión logramos un cambio, el hiperactivo la mayor parte del tiempo se cree que nadie le comprende, pero no sabe que ni siquiera sabe que nadie le comprende… Es difícil… Y en el momento en el que siente que forma parte de una familia, de una mamá, de un papá, de un lugar, de una casa empieza a bajar su nivel de hiperactividad, y comienza a subir (si tiene que subir) su nivel de frecuencia índigo, y la mayoría de hiperactivos son índigo. Pero primero sepamos estimar, porque si tenemos un hiperactivo, lo vamos a saber, vamos a seguir viendo y a seguir sintiendo…

 

Repito: a nivel de autoestima, el índigo la tiene muy bien, y si se le daña (incluso es aristocrático en su porte, en sus maneras y en sus contestaciones… No es maleducado, pero no le sirve el “porque lo digo yo”; te responde: “explícamelo mejor”, “no lo entiendo”, “dime por qué”, etc.), se marchita y se aísla; pero generalmente su autoestima es de un muy alto nivel. El hiperactivo sólo sabe que “nadie quiere jugar conmigo, nadie me quiere”… Esas son sus dos cuestiones que incluso tarda en decirlas. Normalmente es monosilábico: “¿Te lo has pasado bien? Si”; “¿Has jugado en el colegio? No”; “¿Han querido jugar contigo los niños? No”; “¿Con cuántos niños has jugado? No”… “¿Has jugado con muchos niños? No”. Ése es el hiperactivo.